Quién soy

Si pudiera contestar  a esta pregunta, seguramente no necesitaría un blog, ni internet, ni nada de nada. Simplemente sería, me desplazaría por el mundo sin porqués y sin mochila.
Pero como no estoy iluminada, os contaré algo sobre mí, que transito por la vida tratando de conocerme cada día un poquito más, entre tanta confusión, entre la luz y la sombra de cada amanecer.

Me llamo Isabel Fominaya y nací en Madrid un 4 de octubre del 65, y para quien le interesen los temas astrológicos, soy libra.

Cuando cumplí los treinta comencé a buscar casi sin quererlo algo que llenara un poquito mi vacío existencial, y encontré tai chi, una profesora y un gimnasio, así que me lancé a pesar de mi estatismo.

La escuela que aprendí -aunque nunca se aprende del todo, cada día surgen nuevas sensaciones e interpretaciones-, fue la Yang B, que consta de 80 movimientos muy lentos. Su precursor fue el maestro Peter Yang, quien la introdujo en España, concretamente en Barcelona, en los años 70. Mi maestra fue Carmen García, alumna directa suya, a la cual agradezco su magnífica enseñanza. Con ella hice retiros de fin de semana maravillosos, de tai chi y chi kung, donde mi interior comenzó a cambiar. A lo largo de estos años, aprendí diferentes series de ejercicios de chi kung, como por ejemplo:
-La sonrisa interior y los sonidos curativos.
-Las ocho piezas del brocado
-Las 18 posiciones tai chi chi kung
-Las ocho palmas del ba gua
-I chuan, puño de la mente estático y dinámico, etc...

Recuerdo con mucho cariño los primeros tiempos. Tenía hambre de conocimientos, nunca me tomé algo tan en serio y con tantas ganas e ímpetu, porque sabía en mi interior que necesitaba casi desesperadamente una disciplina que flexibilizara mi cuerpo y mente. Así que como tenía deseo y voluntad, todos los días salía al parque por las mañanas con mi querida hermana a practicar y practicar, hiciera frío o calor. Hace catorce años, tai chi no era tan conocido como ahora, y la gente que pasaba se quedaba mirando extrañada, pero creo que al mismo tiempo, hipnotizada por aquellos movimientos tan suaves y coordinados. Al poco tiempo aprendí la tabla completa, pero el aprendizaje es constante, diario, humilde. Y me puse a dar mis primeras clases con la emoción que conllevan los primeros pasos y mi timidez a cuestas, pero fui valiente y tiré para adelante, en aquella comunidad de vecinos donde conocí a gente estupenda...

Luego comencé a dar clases en una asociación sin ánimo de lucro, como voluntaria. Fueron unas tardes maravillosas, donde la constancia diaria se reflejaba en mi forma, sintiéndome cada vez más segura, más ligera. Continué en colegios, donde tenía de alumnos a los profesores y más adelante entré en contacto con empresas donde ofrecí mi tai chi a los centros culturales y de DIA de la Comunidad de Madrid, donde sigo actualmente, alternando esta labor con clases a domicilio y asociaciones de vecinos.

También doy talleres de relajacion y crecimiento interior semanales y mensuales intensivos, así como excursiones de chi kung en la naturaleza y retiros de fines de semana de tai chi y relajacion, donde disfruto más que nadie -o igual que todos-.
Así que soy esto y mucho más, pero por encima de todo, ser humano, con deseos de seguir avanzando por el camino del "esfuerzo sin esfuerzo". Con todo mi bagaje, del que me voy desprendiendo cada día un poquito más, con ilusión y alegría, con tristeza y sombra, con yin y yan, porque así es la vida: un entramado de lágrima y sonrisa, con pausas de contemplación a lo largo del camino.

Bienvenidos a este mundo, donde compartiremos muchas experiencias, donde dar y recibir es la cuestión.